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Has siempre lo máximo que puedas

Has siempre lo máximo que puedas

Has siempre lo máximo que puedas

Con esta entrega culminamos nuestro paseo reflexivo acerca de la sabiduría ancestral que constituye el contenido esencial del plenamente recomendable libro de Miguel Ruíz, “Los Cuatro Acuerdos. Un Libro de la Sabiduría Tolteca” [1], guardiana del conocimiento de Quetzacoatl, la serpiente emplumada.

Entramos pues en el análisis del cuarto acuerdo tolteca: “Has siempre lo máximo que puedas”. O simplemente, has lo mejor que puedas.

Y la verdad es que una buena manera de lograr cumplir este acuerdo es la de esforzarse con entusiasmo por actuar conforme con los tres acuerdos precedentes, es decir, haciendo lo máximo que puedas por ser impecable con tus palabras, por no tomarte nada personalmente y por no hacer suposiciones. Aquel que procede habitualmente de ese modo, indefectiblemente termina por hacer lo máximo que puede, con naturalidad.

La idea con este cuarto acuerdo es la de involucrarse plenamente en y con lo que se hace. Y no aludimos aquí, solamente, a los deberes laborales y a las obligaciones familiares o de cualquier índole. Por el contrario, hablamos de todo el espectro posible del quehacer humano, incluyendo entonces el descanso, la diversión, la recreación, hacer ejercicios, pasear, ducharse, practicar yoga, escuchar a un amigo, estar ahí para su pareja… Se trata de no obrar a medias, de dar todo de sí mismo.

Pero, entendámonos. No se trata de valores absolutos. Así, lo humano, lo natural y lo comprensible ha de ser, mas bien, has lo máximo posible y pon lo mejor de ti mismo (según sean tus circunstancias del momento), para ser impecable con tus palabras, para no tomarte las cosas personalmente y para no hacer suposiciones. No lo lograrás siempre ni sistemáticamente, pero tu felicidad se despeja en el camino de tu propio proceso hacia tu paz interior.

En consecuencia, no existen patrones objetivos ni generales, aplicables a todos y a toda situación, pues todo depende de las variables, diversas y temporales circunstancias personales. Por ejemplo, si estamos muy cansados en la noche, pero morimos de ganas de seguir leyendo nuestro libro predilecto del momento, y tomamos la decisión de leer antes de dormir, entonces, en lugar de plantearnos leer un capítulo entero, nos disponemos a leer 2 ó 4 páginas, sólo para darnos el gusto, pero eso sí, con toda la atención de la que somos capaces (en ese momento).

Es menester conocernos a nosotros mismos, entender los diferentes momentos y estados físicos y emocionales por los que atravesamos y, sobre todo, aceptarnos sin juzgar, dando lo máximo que podemos, y sabiendo parar en el momento preciso. Hacer lo mejor o lo máximo que puedas no es jamás ir mas allá de tus fuerzas o posibilidades.

Cuando obras desde la sinceridad y la honestidad para contigo mismo, y te aceptas, se genera una sensación agradable de liberación, pues frente a semejante proceder, no existe reproche, sensación de culpabilidad ni frustración alguna.

Surge, en cambio, la satisfacción de haber actuado dando ese máximo de sí mismo, con respeto de nuestras limitaciones circunstanciales y con ánimo en la buena y clara intención de hacerlo bien, no tiene parangón.

Lamentablemente los contravalores que parecieran prevalecer en nuestra perfectible o mejorable sociedad nos invitan a aplicar lo que se conoce como la “ley del mínimo esfuerzo”, que va de lo suyo con la idea de que a cada actuación ha de sobrevenir una recompensa, y que, si se la puede lograr haciendo menos o implicándose menos, entonces ¿para qué hacer más?

El punto es que el fundamento según el cual se hace o se actúa exclusivamente para obtener un premio o un beneficio cualquiera, constituye un parámetro equivocado, propio de pensares egoístas, o en donde el ego preside el existir de la persona.

Lo anterior induce, como lo podemos observar en la actitud de muchos, y lamentablemente de muchos jóvenes, a procrastinar, buscar dejar todo para después, dejar para mañana lo que puede hacerse hoy; o a aburrirse sin iniciativa para hacer nada, perdiendo miserablemente el tiempo, ese recurso vital claramente no renovable, carentes de motivación para actuar, por la inexistencia de “premio” o por su egocéntrica insuficiencia.

Claro, ya hemos tenido ocasión de subrayar las tristes características de nuestra sociedad, alejada de la fraternidad y la solidaridad, hundida en la agobiante competitividad, y para colmo de males obra de un susodicho “sistema educativo” que, en realidad, deforma, borrando la natural tendencia de la persona hacia la creatividad, la motivación de vida, y socavando la autoestima y el amor propio.

Es entonces una necesidad de primer orden que quienes, como padres o maestros, tanto con nuestras enseñanzas de vida como principalmente con nuestro ejemplo, induzcamos el cambio actitudinal que se requiere, para la construcción de una sociedad mejor. Una sociedad en la que la gente no actúa como los perros de Pavlov, en busca de “galletas”, sino porque estima que es lo mejor que puede hacer desde la honestidad de su corazón.

Los profesores de yoga hemos de orientar las prácticas dentro de los valores del Dharma, es decir, la intención de acometer siempre la acción justa y debida, tanto para consigo mismo como para con los demás, dentro de lo que se conoce como el Karma Yoga o yoga de la acción.

Dice la sabiduría popular, y es algo positivo como lema de vida, que: “Las cosas se hacen bien o no se hacen”. ¡La intención es lo que cuenta!

Querido lector, has siempre lo máximo que puedas. Sólo plantéate la firme intención de hacerlo en tu cotidianeidad. De seguro que, al cabo de un tiempo, y a pesar de las caídas y tropiezos, notarás que te sientes internamente mejor, como más natural y libre, nadando en el contentamiento, con una sonrisa en la boca y en la plenitud de la gratitud.

Alberto Blanco-Uribe

6 Comentarios

  1. Lilo

    Muy de acuerdo, Alberto. Gracias!

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    • alberto

      Me contenta, seamos un regalo para los otros. Un abrazo

      Responder
  2. Ma. Araceli Ramírez

    Nuestro ser debe despertar, al aquí y ahora 💞
    Gracias!

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    • alberto

      Tarea que no es sencilla, pero si muy satisfactoria en sus avances. Gracias

      Responder
  3. Norka

    Excelente Gracias Alberto nunca terminamos de aprender me encantó la manera como desglosas el libro de los cuatro acuerdos de verdad toda una enseñanza gracias gracias gracias

    Responder
    • alberto

      Gracias Norka, es una labor de hormiguita, para acercar las buenas ensenanzas a todos. Saludos

      Responder

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Sobre el Autor

Alberto Blanco-Uribe

En mi quehacer de décadas, tanto en Venezuela como ahora en Francia donde vivo, mi compromiso siempre ha sido el acompañamiento en el proceso de aquellos a quienes puedo servir. Tanto en mi anterior profesión como abogado, como en mi continua ocupación como profesor e investigador, en temas de derechos humanos, de derecho ambiental, de paisaje y de patrimonio cultural, y particularmente en los vinculados al yoga y al bienestar en general, siempre he ofrecido una atención personalizada, volcado hacia la comprensión de lo humano, en busca de la calidad de vida y del equilibrio cuerpo, mente y espíritu......

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