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Lo simple

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LO SIMPLE

«Cuando tenga el título, voy a…», «y cuando tenga la casa, disfrutaré….», «cuando tenga el auto, podré ir a conocer….». ¿Te resuenan éstas frases? ¿En qué momento de una línea imaginaria de tiempo te ubican? ¿Qué hay antes de llegar a esos objetivos? ¿Estás disfrutando el proceso/camino?

Creo que todos en algún momento caemos en este juego de ganarle al tiempo. Nos convertimos en adivinadores y predecimos el futuro sin tomar consciencia de nuestro presente. Proyectamos e imaginamos todo lo que podría pasar cuando suceda «x» cosa. Pero, ¿Qué está pasando hoy? ¿Tus acciones te acercan a lo que tanto soñás?

EXPECTATIVA VS. REALIDAD

Hace muy poco elegí vivir una experiencia que traía pendiente en mi lista de cosas por vivir o lograr. Desde adolescente veía la posibilidad de experimentar o «probar suerte» como se dice popularmente, en la gran ciudad. La veía lejana, difícil, pero como toda persona que quiere comerse el mundo, me parecía todo un desafío personal. No llegó la oportunidad apenas finalicé de cursar la carrera de Comunicación, pero sí llegó el año pasado, siendo Mamá y con más años y experiencias vividas.

Son de esas cosas que te quedan dando vueltas, pendientes de vivir, y que hasta que no lo hacés, es como una piedrita en el zapato. Creo que las personas, llamadas comúnmente «del interior» de mi país, me van a entender. Hasta hay un dicho que reza: «Dios está en todos lados, pero atiende en Buenos Aires». Pues, qué decir. No conseguí turno ja ja. Quienes somos de ciudades o pueblos más pequeños, vemos a las grandes ciudades y capitales como «tierra de oportunidades».

En esta ocasión, le di cabida a mi parte del «tener». A esa muchacha que soñaba con comerse el mundo. No me fue mal, pero tampoco me fue como esperaba, y acá es donde muere la expectativa y se encuentra con la «realidad», que como sabemos, no hay solo una sino la que cada uno pueda y quiera crear.

La conclusión de esta parte de la historia es: nadie me lo contó. Fui y lo viví, y tengo más experiencias y aprendizajes, y nuevas anécdotas para contar.

LO SIMPLE

CABLE A TIERRA

«Y si tu corazón ya no da más
si ya no existe conexión con los demás
si estás igual que un barco en altamar
tira tu cable a tierra».

Fito Páez (músico argentino)

Y como barco en altamar estaba, hasta que una amiga, mi querida «Mujer Valiente», Ana Carla, me ayudó a despertarme de un sacudón. A veces estamos tan inmersos en los problemas que no logramos ver más allá. Y qué bueno contar con esa familia del alma, de la vida. Con esos seres que nos empujan cuando lo necesitamos. Tomé la decisión de tirar nuevamente mi cable a tierra, hacia esta tierra que amo tanto, que es mi Patagonia amada. Y volver, sobre todo, a mí.

Y es en ese momento, en el que pisás la tierra que amás, en el que se hace posible el reencuentro con los seres queridos, con la familia álmica, y con lo que tu corazón detecta como «hogar», cuando te das cuenta de la importancia de «lo simple». Conectar nuevamente con el ser, y seguir buscando el equilibrio. El «tener» sí que es importante, pero lo es más aún el estar conectada/o con tu cable a tierra. Con el hogar, con el abrazo, con el universo o en lo que sea que te nutra puertas adentro tuyo.

Te deseo esa conexión siempre…y que encuentres lo que estás buscando más cerca de lo que realmente pensás.

Con amor

Deby

#poradultossanosemocionalmente

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2 Comentarios

  1. Rober

    Me gusto la parte donde hablas de irse a la ciudad a buscar un futuro mejor, cuando a veces es donde estamos que tenemos las mejores oportunidades frente nuestro, a veces tan cerca que no las vemos hasta que nos alejamos un poco

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    • Débora Quilaqueo

      Y nada mejor que vivirlo para darse cuenta. Gracias por tu comentario, abrazo!!

      Responder

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Sobre el Autor

Débora Quilaqueo

Humana, Mujer, Mamá, Life Coach y Comunicadora. Fundadora de la Red Internacional de Mujeres Coach, un movimiento de mujeres coach para fortalecer y potenciar a otras mujeres. Transité una renovación como la del águila, era morir o volar a lo alto de una montaña para quitarme lo añejo y no útil y darme chance, después de un doloroso proceso, de poder seguir volando por más años.