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Yo estaba ahí

Yo estaba ahí

Yo estaba ahí

Yo no era el héroe pero estaba allí. Así dijo un personaje de una serie de la TV hace unos días. Esa frase llamó mi atención y enseguida me puse a pensar que si algo he tenido siempre ha sido avidez de vida. No ha habido aglomeración de personas o suceso en la que yo no haya tratado de estar solo para sentir lo que es estar en el ojo del huracán. Otras veces, sin proponérmelo, ha sido la vida quien me ha puesto en el lugar y el momento preciso, así que decidí compartir algunas perlas.

La Tormenta del Siglo la pasé en el portal de una cafetería del Mégano, donde tuvimos que refugiarnos el grupo de adolescentes que ese día estábamos de guerrilla en la playa. Al día siguiente, en medio del destrozo reinante, tuvimos que regresar gran parte del camino caminando porque no habían ni guaguas. Cuando por fin logré llegar a mi casa, mi mamá, que no sabía nada de mí hacía dos días, estaba a punto de volverse loca.

Ahora podemos desgastarnos, pero nadie que no lo haya vivido, entenderá cabalmente que fue el Período Especial. No hay idioma que permita explicar que cosa fue aquello que vivió un país entero, donde se criaban cerdos en los baños, nunca había electricidad y todo el mundo estaba flaco. De ahí salimos traumatizados para toda la vida, pero más fuertes que la piedra donde está El Morro.

Y ya que hablamos del período Especial, en mi adolescencia yo estaba parado en un balcón del malecón tomando vino de romerillo cuando se formó la gritería y tiradera de piedras el 5 de agosto de 1994. En aquel entonces aquello me pareció un juego y no se me ocurrió otra cosa que seguir tomando vino y mirarlo todo como un espectáculo. Más tarde, una vez más, tuve que aguantar la descarga de mi mamá cuando llegué a la casa medio borracho sobre las 9 de la noche, y ella, al borde del infarto imaginaba lo peor.

Recientemente y con el alma llena de tristeza y con mayor capacidad de análisis viví en carne propia el 11 de Julio. Esta vez no perdí la oportunidad de salir a la calle y mezclarme y hablar con la gente de ambos bandos. Ese día si algo me quedó claro fue que la principal perdedora de todo fue Cuba.

Para retomar el Período Especial, en la playa El Salado, un atardecer de pesquería, el piquete del barrio ayudamos a poner una balsa en el agua a un grupo de personas que apareció de repente y que pretendían emigrar. Digo que pretendían, porque la embarcación se les desarmó a menos de 10 metros de la orilla, así que dos minutos después del embarque tuvimos que volver a ayudarlos a rescatar lo poco que lograron que no se llevara el mar. Después, para consolarlos, como buenos cubanos, compartimos nuestro pomo de chispa de tren con ellos. Incluso hubo uno que se quedó pescando con nosotros y al otro día le dimos botella en la parrilla de las bicicletas hasta la Habana.

Hablando del mar. Recuerdan las carreras de lanchas rápidas en el Malecón ??? Verdad que ver aquello era como sentarse a ver un carro pasar. Tú mirabas las lanchas durante 30 segundos y luego hasta media hora después no pasaba nada y eran otros 30 segundos y después otra media hora más. Pero aún así no había quien me quitara mi puesto frente al Castillito, donde por cierto, también se reunían todas las chicas del Vedado.

En ese mismo Malecón casi me mata una vaca, una tarde que un grupo de esos animales escapó de un vagón en el puerto, y una que iba huyendo de un tumulto de como 50 personas que la perseguía con muy malas intenciones, se abalanzó sobre mí mientras circulaba tranquilo en mi bicicleta. Para terminar con el Malecón, te diré que estuve en el Concierto de Air Supply y de Tierra, Aire y Fuego, e incluso, junto con otros miles de cubanos, le recordé a coro la letra de La Carta a los Fórmula Quinta en La Piragua.

Yo estaba ahí cuando el Concierto por la Paz en la Plaza. Todavía me erizo de recordar cuando los Van Van de Juan Formell entraron para cerrar el espectáculo. Esa tarde me quedé afónico de gritar como un demente, porque solo en ese momento comprendí que ellos no son solo el mejor grupo de Cuba y la mejor banda del mundo para bailar. También comprendí que Juanes y todos los demás extranjeros que estaban ese día, podrán ser todo lo famosos y talentosos que quieran, pero solo un cubano de verdad, un cubano de los que respira a Cuba y a su gente, es capaz de hacer mover a los cubanos con todo su ser.

Si de los Van Van hablamos, te confieso que lloré públicamente como un niño cuando entré al Teatro Nacional y vi el bajo de Formell junto a su foto el día siguiente de su muerte. También pasé por el Gran Teatro a despedir a Alicia Alonzo, por el teatro Martí a Rosita Fornés y por el Capitolio a Eusebio Leal.

Para terminar con el arte, te diré que hasta me puse un pullover con la clásica lengua en el concierto de los Rolling Stones en la Ciudad Deportiva.

Ahora que mencioné la Ciudad Deportiva, te propongo tocar el tema del deporte. Estuve en la inauguración de Los Panamericanos de 1991 y no hubo una sola de las victorias del equipo soñado de voleibol de Cuba del 1998 en la que no se escuchara en la Ciudad Deportiva mi cencerro. Pero antes, que habanero no recuerda al equipo de básquet del Jet Matienzo y el Zorro Casanova ??? Dime de los juegos de las espectaculares morenas del Caribe con la entonces Unión Soviética !!!

Punto aparte para el día del home run de Marquetti en el Latino en la final contra Vegueros. Esa noche, siendo un niño aún, mi papá me cargó, nos tiramos al terreno y fui de los chamas que se dio el gusto de correr todas las bases. Todavía cierro los ojos y me parece sentir la tierra en las manos cuando me deslicé en home, y vi la cara de mi viejo riendo ese día. A propósito, mira que extrañé esa cara 20 años después el día que también me tiré al terreno, cuando Otamendi entró saltando a home con la carrera de la victoria, después del doble de Enriquito y nuevamente Industriales fue campeón. Esa noche, ya con más de 30 años, una vez más corrí las bases y me deslicé en home y le grité a mi papá que esa iba por él. Todo el mundo me miró con cara rara, porque nadie se lo espera de un tipo de mi edad, pero yo se lo debía a mi viejo, y donde quiera que esté, seguro echó una carcajada nuevamente esa noche. A estas alturas lo que me queda es esperar otra final para tirarme con mis hijos. Digo, si es que no están viendo futbol ese día.

Voy a continuar diciéndote que hasta que no vi con mis propios ojos pasar a Obama por la Habana Vieja no me pareció que fuera posible. Sin embargo, loco de asombro me quedé cuando vi su foto con el Che a la espalda. Igual pude ver de lejos el izaje de la bandera de EEUU en la embajada y hasta me creí que las cosas podrían mejorar. Desgraciadamente la historia demostró que una vez más estaba equivocado y a los cubanos de ambas orillas nos falta mucho para vernos mutuamente de manera normal.

Ya que tocamos el tema de las banderas te comento que tenía una banderita del Vaticano en la mano cuando pasaron por delante de mí tres Papas y muchos años antes, tenía una banderita, de la Unión Soviética cuando pasó Gorvachov por la Habana en un descapotable. Te cuento que también estaba parado en 114 y 51 cuando finalmente regresaron a Elián Gonzales y saliendo del aeropuerto iban camino a la Habana.

Mucho más cerca, creo que es muy importante que nunca esta etapa, pues siempre podremos contar a los nietos que fue aquello de la Pandemia y la cuarentena que vivió el mundo entero. Podremos decirles que nos afectó una enfermedad que para entonces ya nadie recordará, que se llamó el coronavirus y que nos puso a todos a andar con nasobuco y echándonos hipoclorito en las manos, al punto que los pelos de los brazos se me pusieron rubios.

En esta pandemia, no solo porque lo consideré un deber con mi gente, sino también para tocar con mis manos como es aquello, fui voluntario de limpieza en la Zona Roja de la Covadonga, fui voluntario de un estudio clínico de Soberana, doné sangre y recogí donaciones para Matanzas y Ciego de Avila. Nada, que cuando se cuente la historia de la epidemia en Cuba, yo tendré vivencias de primera mano.

He subido el Turquino 5 veces y otras dos el Pan de Guajaibón. Me bañé en el Toa y en el Cauto, y estuve en La Demajagua, Playitas de Cajobabo, Santa Efigenia, Dos Ríos, El Cacahual y Bayamo, simplemente por el placer de ver con mis propios ojos, lugares de la historia de Cuba sagrados para todos los cubanos, piensen de la forma que piensen.

Si algo lamento en esta vida, es no haber visto más eventos o visitado más lugares y además el estarme poniendo viejo, lo que me impide estar detrás de todo a la misma velocidad que lo hacía antes. En este sentido exhorto a todos a tratar de estar presente en cuanto suceso ocurra, para que nadie nos cuente de lo que pasó y bueno, de paso, para que en el futuro también podamos decir, que si bien a lo mejor no éramos los héroes, al menos estuvimos ahí.

Un abrazo del Dienteperro, como siempre, desde la orilla.

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Sobre el Autor

El Dienteperro

Cubano de a pie, Habanero y Centro Habanero de pura cepa. Nacido hace más o menos 40 años, es padre, hijo, marido, hermano y amigo. Anda en la calle y conversa con todos. Amante de la naturaleza, las plantas y los animales. Lee mucho de todo, y gusta de la música, el baile y la comida criolla. Una persona que vive feliz en Cuba, ha hecho de todo, vive al máximo y enfrenta lo que traiga la vida con la sonrisa como arma.

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